Desencuentro con el diez

DESENCUENTRO CON EL DIEZ
    Escrito por: Pablo Miranda
    (
Una historia real )



En la historia de mi vida me han sucedido cosas interesantes y curiosas. Este relato que hoy compartiré forma parte de una de ellas.


Me sucedió hace muchos años creo que en el 2004.

En esa época, mi padre bastante enfermo estaba internado en un hospital y yo le acompañaba, alternando el acompañamiento con una prima. Un dia ella y el otro yo. 

Estábamos en el hospital CIMEQ, El hospital mas exclusivo y lujoso de Cuba, donde solo Fidel, Raúl y otros altos políticos o grandes personalidades son atendidos allí. Aunque mi padre ni era gran personalidad ni mucho menos dirigente, si tenía un sobrino que era enfermero en ese hospital. y con eso basta. El asunto es que yo estaba de acompañante y eso, después de muchos dias, se convierte en algo agotador.

Ese día aproveché un rato, en que mi padre dormía reposado y tranquilo, además ya no tenía muchos dolores fuertes gracias a los medicamentos para salir a caminar un rato y descansar. Después de caminar un poco, por los alrededores, regrese al recibidor del hospital, busqué un buen lugar para sentarme y relajarme leyendo el periodico que habia comprado temprano en la mañana. Encontré el lugar ideal. Un cómodo sofá vacío, ubicado justo frente a la entrada principal. Cada vez que entraba o salía alguien, la puerta se abría y entraba aire fresco del exterior que refrescaba el ambiente, sobre todo a mi que estaba en una posición privilegiada. 

Mi estado de relax no me duró mucho. Alguien parece que también cautivado por la comodidad y la ubicación ideal de mi cómodo asiento, decidió sin previo solicitud de permiso o comunicación verbal o gestual, sentarse al lado mio.

Mi cómodo asiento comenzó a protestar pues no estaba preparado para soportar un enorme peso. El tipo maleducado y poco sociable que se sentó al lado mio, era grotescamente ancho y pesado. Aunque no de mucha estatura, en ancho y volumen estaba bien pasadito y por supuesto en peso. No solo el sofá comenzo a protestar, pues yo también pase de mi estado de relajación total, a una gran incomodidad.

Casi no me quedaba espacio sin tener que competir a los empujones con ese obeso y pesado personaje. Una posible opción podría haber sido levantarme y buscar otro asiento, pero eso sería claudicar, rendirme y dejar que el gordote se saliera con las suyas. Perdí mi hora de relajación y descanso, pero no iba a perder también el asiento. Pensé que si me ponía duro y lo empujaba disimuladamente, el tipo se pondría incomodo y se mudaría a otro lugar.

La batalla de los empujones duró bastante tiempo, yo no estaba dispuesto a rendirme y parece que el gordote mucho menos. Sin embargo mi paciencia si se estaba agotando y casi estaba decidido a enfrentarle y decirle. !Compadre correte un poco para allá que me estas molestando o pasate para otro asiento que yo llegue primero!.

Por dicha no tuve que decirlo...

En ese mismo instante del climax, se abrió la puesta principal  del hospital y entraron por ella una enfermera sonriente y un señor. Hicieron contacto visual con el gordote, rechoncho y repesado, se acercaron a el y le dijeron en tono muy amistoso.

!Dieguito vamos, ya esta el microbus esperandote!!!

El asento de la enfermera era inconfundiblemente argentino y el del señor que le acompañaba también. y el gordote, rechoncho y repesado también era argentino y su voz me pareció que ya la habia oido antes, y el nombre de Dieguito... ya eran demasiados datos pata no adivinar.. .

El gordote pesado se levanta y comienza a avanzar hacia la puerta y un montón de gentes del microbus se bajan, le abrazan y le invitan a subir llenos de alegría y emoción.

Entonces comprendí que ese gordote, rechoncho y repesado que estuve a punto de entfrentar y decirle que se echara a un lado, no era otro que Diego Armando Maradona, mi ídolo. Lo tuve al lado mio, durante casi 20 minutos y nunca lo noté, y en lugar de aprovechar y pedirle un autografo, o hacerle algunas preguntas como la mano que hizo en el gol contra Inglaterra, o el gol del siglo,  como haría cualquier fan del genial fubolista, estuve a punto de armar una discusión con el. 

Las oportunidades, cuando llegan, llegan sin previo aviso y puede que no le notes, o le notes a destiempo, cuando ya no es posible aporvecharla. Al menos en este caso, quedó una anécdota y este  post.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Así las cosas amigo...la vida da oportunidades que solo vemos cuando se alejan...

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