Relato triste de un desafortunado gladiador
RELATO TRISTE DE UN DESAFORTUNADO GLADIADOR
Escrito por: Pablo Miranda
Mi ultimo combate. Me enfrentaba al mas fuerte y sanguinario de todos los esclavos que como yo, se dedicaban al oficio de gladiador. Hubiera sido el ultimo dia de mi vida, al menos con mucha paz y tranquilidad asi lo esperaba. Estaba cansado y demasiado maltratado por incontables combates enfrentandome a otros gladiadores, o contra leones, o contra la vida.
Siempre me acompañaba la suerte, pero presentia que ya no mas. Mi contrincante en esta ocasion era tan fuerte que de sucesivos golpes de su afilado tridente sobre mi escudo me hicieron perder el balance y caer a la arena. Trate de incorporarme rapidamente pero fue en vano. Sentia todo el peso de su pie sobre mi lastimada espalda y me rendi, quede inmóvil esperando el final.
Ese dia el coliseo estaba llenisimo, no quedaban espacios ni en las graderias de sol. Sentia ademas un aplastante y ensordecedor bullicio de una multitud molesta y defraudada por mi pobre actuación, y que pedia enardecida y con gritos, insultos y obscenidades mi eliminación inmediata, extendiendo el brazo derecho hacia adelante y el dedo pulgar hacia abajo. (como es costumbre en estos eventos). Solo faltaba la decision del Cesar, que a fin de cuentas es y siempre ha sido y sera el unico voto que vale, y el unico que cuenta y cuya desicion implica una obligada ejecucion inmediata.
El Cesar se tomo su tiempo, y mientras mas tiempo se tomaba, mas crecía la tensión y el nerviosismo en el público.
Al final opto por lo inesperado, por lo insólito, lamentablemente opto por perdonarme la vida; una vida que ya no deseaba y a partir de ese día, muchísimo menos.
Ni el propio Cesar se acordaba que el dia anterior habia perdido prácticamente la mitad del dedo pulgar derecho en una estúpida cacería nocturna. El pulgar derecho que le faltaba a su mano, era el que debía esgrimir para decidir la vida o la muerte del perdedor del combate y ante esa eventualidad tomo la rápida decisión alternativa de expresar su imperial voluntad levantando el dedo del medio hacia arriba. Al parecer, como prueba de que me concedía la vida.
Pero mi oponente, no lo entendió asi. Para el y sus costumbres pueblerinas y de bajo mundo, el dedo del medio apuntando hacia arriba tiene otro significado que estuvo muy anuente a cumplir por tratarse de la voluntad del Cesar.
En ese ultimo combate, en mi despedida como gladiador profesional, salve la vida pero perdi el honor.

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